Premis literaris Sant Jordi 2013

 

DUC DE MONTBLANC

Premis literaris Sant Jordi 2013

Categoria de 1r cicle d’ESO, Castellà

Malena Manubens, Alicia en un mundo desconocido

Juan Baldán, A mi abuelo

Malena Manubens

Alicia en un mundo desconocido

Allí estaba ella, tan sola como siempre, caminando por el bosque mientras una lágrima se le deslizaba por su mejilla derecha. Pisaba las hojas amarillas y marrones caídas de los árboles con sus botas negras mientras caía la lluvia. Hacía un ruido extraño, un ruido a soledad. Tenía frío. Su camiseta azul no dejaba ver todos los golpes ni los cortes que tenía.

No aguantaba más.

Se dejó caer, arrastrando su espalda con el tronco de un árbol. Apretaba el collar que tenía en la mano con toda su fuerza. Miró hacia el cielo con los ojos cerrados mientras las gotas de agua mojaba su cuerpo. Ahora tenía mucho más frio. En los auriculares que llevaba, ahora sonaba la canción ‘please don’t go’.

-que oportuno- Pensó.

Se echó a llorar más aún.

Se quedó varios minutos llorando debajo de ese árbol, tirando piedras al río, rabiosa. Al final, optó por ir a casa a descansar un poco.

Caminando para ir a su casa, se encontró un gato y se agachó para acariciarlo mientras le dijo:

-El peor sentimiento es fingir que no te importa algo, cuando en realidad es en lo único que piensas.

Él ni se inmutó. Ella se levantó y abrió la puerta de su casa. Antes de entrar se secó las lágrimas con el antebrazo. Su familia estaba dentro, cenando.

–Hola –dijo. Nadie respondió. Subió a su habitación, y lo primero que hizo fue abrir una libreta. En ella puso: ‘Hay tantas cosas que si se pronunciaran en voz alta desvelarían secretos de una intensidad que quizás no podríamos asumir.’

Se cambió de ropa, y se secó. Al desnudarse se acarició las marcas que tenía en el antebrazo.  A partir de ese instante, quiso cambiar de forma de ser.

Se despertó al día siguiente con ganas de cambiar y de buscar su verdadero yo.  No quería cambiar para gustarle más a la gente. Se quitó el pijama y se puso unos pantalones tejanos y debajo de su sudadera gris se puso una camiseta negra de Mario Bros.  Era viernes, tenía que ir al instituto y aguantar a sus compañeros cinco horas y media. Desayunó, se arregló, cogió la mochila y se marchó. Al llegar a clase se sentó al lado de una chica muy tímida que no estaba emparejada con nadie.  No hablaron, pero ella pensó…

–          Hoy es el principio de un nuevo día.

A la salida del instituto, ella veía como todos se juntaban con sus amigos a reír y a hablar.

Era por la tarde y Alicia iba a casa a jugar a la videoconsola. Ya tenía muchas ganas, de descansar de la dura semana que había pasado.

Pasó otra vez por donde había pasado el día anterior: El bosque. Miró el árbol y todas las piedras que había tirado al río. Le vino otra vez la tristeza, pero esta vez no lloró. Se sentó, otra vez junto al árbol. Se quitó el collar y lo miró.

Se quedó un rato ahí, pensando en cómo estaría ahora si esa persona estuviera a su lado. Vino el gato del día anterior. Ya hacía unos días que vagaba por las calles.

-Hola gato. Hace días que no vas a tu casa. ¿Tienes hambre? –Dijo Alicia. Era la primera vez que hablaba ese día. El gato ronroneó, y la cara de Alicia cambió por completo. Ahora en su cara se le dibujaba una sonrisa. Ella, acercó su mochila y abrió un bolsillo. Sacó un trozo de su bocadillo y se lo dio. El gato sin pensárselo dos veces, se puso a comer. Ella sonrió aún más y se levantó. Se puso los cascos y conectó su iPod. Esta vez, sonó la canción ‘So cold.’ Esa canción le traía muchos recuerdos.

Entró a casa y volvió a saludar. Como siempre, nadie le respondió.  Se hizo la comida y comió.  Subió a su habitación y apuntó cosas en su libreta, como siempre.  Después de escribir, cerró ese mini cuaderno y vio una foto. Estaba con sus padres. Dejó la libreta a un lado  y se puso a mirar la foto detalladamente. Ya se la sabía de memoria. Se acordaba de ese día como si fuera ayer… En ese parque… El último año había sido muy duro, sobre todo para ella.  Alicia había tenido un  accidente en moto cuando era menor de quince, y sus padres lo habían permitido. Estaba en una casa de acogida y sus padrastros pasaban de ella. Sus padres estaban muy lejos. Y aunque pensaba que a partir de ahora todo cambiaría, Alicia parecía que tenía una mente de veintitrés encerrada en un cuerpo de dieciséis.

Juan Baldán

A MI ABUELO

Hace ya ocho años,

y aún sueño lo mismo,

sueño  que me llevabas al parque

y tú jugabas conmigo.

¡Cuánto amor y cuántas risas

de mi querido abuelito!

Tú me cuidabas como nadie

cuando yo era pequeñito.

Me cambiabas los pañales

y me dabas el biberón

y si me ponía a llorar

me cantabas una canción.

Pero una extraña enfermedad

a principios de febrero

me dejó sin el cariño

que me dabas tú, abuelito.

Se llevó tu gran sonrisa,

tu cariño verdadero

y esa mano ya arrugada

que mi pelo acariciaba.

Aún me tumbo en mi cama

y sueño que no te has ido,

que me coges de la mano

y voy corriendo contigo.

No sé si allí donde estás

me podrás escuchar

pero quiero que sepas

que nunca te voy a olvidar.

 

Categoria de 1r cicle d’ESO, Català

 

Maria Cuadrado, Pa amb xocolata

Ismael Torralbo, Sense títol

Maria Cuadrado

Pa amb xocolata

23 d’abril del 1945. Avui, sí, sí avui era un dilluns, no,  no era un dilluns, era el dilluns. Cada dilluns la iaia em donava un bon tros de pa amb xocolata la Campana amb un gotet de vi dolç; la mama no ho sabia, era el nostre secret.

Tenia sort d’anar a l’escola amb 12 anys, perquè hi havia moltes amigues meves que ja les havien posat a treballar.

Quan vaig sortir de l’escola, vaig anar a corre-cuita cap a casa de la iaia, però al creuar el carrer, no em vaig fixar que passava un Topolino  un fiat 500,   d’aquells cotxes que eren tan cars i que quan els veus per primera vegada et queden gravats al cap per sempre. 5000 pessetes que és el que costava el cotxe per a mi eren una milionada.

Quan vaig arribar a casa de la iaia, em vaig menjar el pa amb xocolata i vaig marxar a jugar una miqueta abans d’anar a ajudar a la mama a la merceria.

Em vaig aixecar com sempre a les vuit en punt per anar a l’escola a les nou.

La mama, com sempre em posava una diadema  perquè tenia els cabells tan curts com el Jordi, el nen que m’agradava.

El que sempre havia envejat de les meves amigues, era que portessin aquelles cues tan altes i tan ben pentinades, jo sabia que mai m’ho podria fer.

L’ uniforme de l’escola no m’agradava gens, perquè era d’un color molt i molt lleig.

El que tampoc m’agradava era la cara d’aquell dictador, sí,  home,  aquell; si no em falla la memòria es deia Franco. Aquell home estava fent molt mal a la gent que volia parlar la seva llengua natal, el català.

La bola del món que hi havia a la classe era gegant, tant com la panxa que tenia la professora més dolenta de tota l’escola, la senyoreta Mª Encarnación.

Avui ens tocava geografia l’ assignatura que menys m’agradava.

Just, ens tocava amb la senyoreta Mª Encarnación, la més dolenta i la que sempre em renyava quan embrutava el paper amb tinta quan escrivia.

Quan entrava la senyoreta, tots ens havíem d’aixecar i fer una salutació que ara no recordo.

Com sempre ens explicava tots els rius que hi havia a Espanya i els seus afluents.

3 d’abril del 2013. Han passat seixanta-i-vuit anys, i vés per on el 3 d’abril d’aquest any, no cau en dilluns, cau en dimarts que és el dia que els meus néts venen a berenar pa amb xocolata, i així mantindrem la tradició, de generació en generació.

A, per cert, el Jordi, sí sí, el Jordi aquell nen que m’agradava, va ser el meu marit durant més de 40 anys. Avui, seria el seu sant i vull que tothom que llegeixi aquesta història, sàpiga que la vida s’ha de gaudir i viure-la al màxim possible, com el Jordi, que va fer tot el possible per gaudir la vida, fins que va poder.

Ismael Torralbo,

Sense títol

Oh! Pilota que et xuten sense coneixement,
de vegades se t´emporta el vent,
quan tornes a baixar,
et segueixen donant puntades sense parar.
Encara que a tu et facin molt de mal,
nosaltres et seguim xutant.
Quan ens fem grans,
et trobarem a faltar,
perquè t’hauràs punxat i mai més podrem jugar.

Categoria de 2n cicle d’ESO , Castellà

 

Meritxell Morató, Ilusión

Celia Aranda, ¿Dudas?

Meritxell Morató

Ilusión

El edificio en el que se encontraba la librería era antiguo, del mismo modo en que lo eran las altas estanterías de madera que cubrían casi por completo todas las paredes del lugar. La estancia se hallaba medio a oscuras, puesto que apenas entraba luz por la puerta de cristal empañado y las velas del candelabro que colgaba del techo creaban sombras titilantes, en lugar de hacerlas desaparecer. En el suelo, una tupida alfombra que competía en años con la misma librería acomodaba a una docena de niños y niñas.

Los pequeños, cuyas edades oscilaban entre los cinco y los diez años, miraban con suma atención y ojos brillantes al anciano que estaba frente a ellos, sentado en un balancín que chirriaba al más leve movimiento. Detrás del mostrador, una mujer que parecía tener más o menos su misma edad sonreía con serenidad mientras les observaba.

El hombre tenía entre sus manos un pesado volumen, de color granate, a todas luces muy antiguo. Lo abrió con cuidado y empezó a pasar páginas con suma lentitud. A sus pies, los chiquillos le miraban expectantes, ardiendo en impaciencia, pero sin atreverse a decir nada. Sabían de sobras que no se podían interrumpir los silencios del longevo varón, del mismo modo que no se debía hacer con sus palabras.

Finalmente, con un golpe seco, cerró el libro. Entonces pareció reparar en su audiencia de mejillas arreboladas y ojos brillantes. Todos ellos quietos y sin hacer ruido, lo que tan arduamente trataban de conseguir sus madres sin resultado alguno. El anciano esbozó una sonrisa y empezó a hablar.

Los niños se removieron, exultantes. Su espera había dado frutos. Ahora se verían recompensados con creces por el buen comportamiento mostrado en los últimos minutos. Siempre era así. Y esa vez no fue la excepción.

Las palabras del hombre pintaban los bosques más verdes, exuberantes y vivos que pudieran existir, repletos de seres fantásticos y juguetones. Bajo su hechizo, se les permitía recorrer lo más profundo del mar, el agua reluciente, los peces de colores y, por qué no, el imponente kraken. Podían oír la dulce y embriagadora voz de las sirenas mientras contemplaban la puesta de sol en el agua. O, incluso, cuando su cuentacuentos lo consideraba oportuno, pasear por las sombras y echar un vistazo a los tenebrosos seres que en ellas habitaban.

Los pequeños le escuchaban con fascinación, atentos. Cuando les contaba sus historias, el tiempo pasaba rápido, las horas se convertían en minutos y los minutos en horas.

Eran siempre las mismas veladas, los viernes por la tarde en la vieja librería. Con una amable dueña que daba chocolate caliente a los niños siempre a la misma hora. O eso era lo que pensaban sus padres al traerlos allí. Para ellos, en realidad no era así.

Celia Aranda

¿Dudas?

Camino por las calles

buscando esos ojos

curiosos, audaces,

que de todo son capaces

con un solo guiño.

¡Qué daría yo por volver a verlos!

Pero no están. Desaparecieron.

Seguro que alguna sombra de depresión

los asaltó en negra noche y les oscureció

su brillo, su duda constante,

su dulzura, su calor inigualable.

Espero encontrarlos.

Sigo adelante,

mirando fijamente a la gente

y si me descubren, sonrío

y sigo con mi paso feliz,

y se sorprenden

y me preguntan con sus gestos

por qué yo no soy como el resto.

Ni tapujos, ni ataduras,

la muerte sólo está en pintura,

y la vida, entre mis manos.

-¿Cómo continúo? No veo motivo alguno…

-¿No?

Para seguir, sólo necesito sentir

que no estoy vacía, ni sola;

mi mundo me valora

y me acompaña a la cama a dormir.

Y en cada despertar, música en vena.

Notas, ritmos, acordes, melodías.

Letras que activan la mente y el corazón.

Tal vez de tu vida la única razón.

La alegría llama a la puerta de mi casa;

no duda en tocar el timbre, a ver qué pasa.

Abro tímidamente a ver quién es.

No hay nada, ni nadie. Qué decepción

Miro al cielo. El sol, radiante,

se asoma entre nubes oscuras.

Se acerca el verano, mas estamos en primavera.

El viento susurra en mis oídos,

su leve brisa despeina mi cabellera,

su frescor me pinta una sonrisa

y su olor despereza una alma en pena.

-¿Por qué vivimos?

-No lo sé, pero

ya que aquí estoy,

quedémonos:

probemos todos los postres,

sintamos todos los cuentos,

fundamos todos los nervios,

vivamos este momento.

Cumplamos todos los sueños,

seamos nuestros propios dueños,

enamorémonos de todas las verdades,

sepamos interpretar las señales.

Y equivoquémonos. Sin miedo.

Categoria de 2n cicle d’ESO, Català

 

Meritxell Morató, El so de la felicitat

Max Ribera, La Llibertat

Meritxell Morató

El so de la felicitat

Una suau brisa entrava per la finestra, agitant les cortines, acompanyada per la claror d’un matí assolellat. Des d’allà, es podia contemplar una mar tranquil·la, refulgent sota l’astre rei. Les onades morien calmadament en una sorra blanca i neta. La platja era pràcticament buida, tan solament hi havia una petita barca i una nena passejant un alegre cadell, que es remullava les potes, juganer.

La Jana observava amb pau el paisatge. Un lleu somriure es deixava entreveure als seus llavis. Al cap d’uns segons, deixant anar un petit sospir, es va girar, donant l’esquena a la finestra. Aleshores, va dirigir la mirada a l’impressionant piano de cua que hi havia a l’estança. Un piano negre, tan llustrós i brillant que s’hi podia emmirallar. A simple vista s’observava que era de qualitat. No calia ser cap expert per apreciar-ho. Era una obra d’art al nivell de la música que era capaç de produir.

Davant del teclat, hi havia un petit banc a joc amb l’instrument. Es va asseure sobre el vellut vermell que recobria la part superior del seient i va col·locar amb tendresa les puntes dels dits sobre les tecles d’un blanc impol·lut, sense exercir cap mena de pressió ni produir cap so.

Feia anys, quan la Jana era molt petita, havia començat a rebre classes de piano. Aviat havia esdevingut la seva major passió. Invertia molt de temps fent lliscar els dits sobre les tecles i donant vida a multitud d’obres musicals. Se sentia plena i satisfeta quan omplia l’aire de sons bells i majestuosos.

Recordava perfectament l’emoció que l’havia embriagat quan la seva professora del conservatori havia dit que tenia talent de debò i que probablement podria dedicar-se a la música per viure.

Tot era tan perfecte…

Però no havia durat per sempre. El seu rostre va reflectir el dolor que havia sentit només de pensar-hi. Els seus somnis s’havien trencat amb l’accident, quan havia caigut per les escales amb tan mala sort que s’havia fracturat, inclús trencat, alguns dels dits. Els metges, en canvi, deien que era afortunada, ja que no s’havia trencat el coll. Però per a ella allò era molt, molt terrible. Només de pensar en no poder tocar li entraven esgarrifances de pur terror. I no podia ni moure els dits.

El temps havia anat passant. Lenta i feixugament, el dolor a les mans, els tractaments, la necessitat d’ajuda fins i tot per a les coses més simples… Ho havia passat molt malament.

Però ja estava, s’havia recuperat. Per molt temps que hagués costat, allò era el més important. Tot i això, no podia evitar mirar el piano amb temor i respecte. Mai havia passat tant de temps sense tocar-lo. I si ja no en sabia? I si mai més no tornava a ser el mateix?

Va tancar els ulls i va inspirar ben fondo. Després, va deixar que l’aire l’abandonés a poc a poc, intentant calmar els batecs del seu cor. Les seves mans no havien canviat de posició, seguien sobre les tecles. Aleshores, amb una mica de por, va exercir una mica més de pressió amb un dels dits. Un so clar va sortir del piano.

Un altre el va seguir. Poc a poc, la Jana va anar teixint una xarxa de sons, una música tranquil·la, lleugerament dubitativa, que va anar omplint l’habitació. Els seus moviments anaven adquirint agilitat i fermesa a mesura que la seva confiança tornava. Era perfectament conscient que encara necessitaria temps i esforç per tornar al seu nivell d’abans, però les coses eren millors del que esperava.

La música seguia cobrant vida sota les seves mans.

Al seu rostre va aparèixer un somriure sincer que es va anar eixamplant conforme passaven els compassos. La joia la va anar omplint per dintre. Estimava massa l’instrument i la música com per poder prescindir-ne.

Les peces musicals es van anar encadenant una rere l’altra, juganeres i belles. Probablement hauria pogut passar-se tot el dia així si els dits no haguessin començat a fer-li mal. Òbviament, tant de temps sense fer esforços amb ells li havien passat factura i no els tenia entrenats. Però no importava. Recuperaria els instants perduts amb escreix, dedicant-se a la seva passió amb cos i ànima. Perquè allò era el que la feia feliç.

Max Ribera

La llibertat

Llibertat,

quina paraula tan bonica,

com el vent,

com l’aire

com el sol

com el riure

que no apreciem

quan la tenim,

però plorem

sa absència.

Llibertat de viure com vulguem,

de dir el que pensem,

d’estimar com creiem,

de viure i de morir

amb dignitat.

 

Categoria de Batxillerat, Castellà

Àger Pérez, Un oiseau de nuit

Verónica Larroy, Eres

 

Àger Pérez

Un oiseau de nuit

 

Siempre he pensado que las grandes ciudades de noche son encantadoras, la noche envuelve las estrechas calles de sus cascos antiguos y las nubes de humo cubren los tejados, impidiendo que la vista alcance las estrellas, dando una sensación de protección y reclusión al mismo tiempo. ¿Y qué ciudad evoca más misterio e historia que París?.

Me mudé a la capital francesa con la esperanza de reencontrar el arte en estado puro, empujado por las líneas de Baudelaire en El spleen de París, soñando con encontrar allí los más vanguardistas artistas y pensadores, siendo estos años 20 la ciudad más bohemia del globo. Los hijos de obreros de Liverpool no estamos acostumbrados a la opulencia de tales ciudades señoriales, y más alguien de una familia como la mía, que siempre ha evitado acercarse a Londres ya que siente repulsión por el gentío y prefiere la calma del hogar. Al llegar a París mi sobrecogieron sus cafés, sus palacios y su río, no menos sucio que mi nativo Támesis. Como prometían mis conocidos, vivir era fácil con poco dinero. Si mis problemas fueran solamente económicos a lo mejor la vida sería más soportable.

Me levanto a su lado, lo primero que veo es su espalda pálida medio descubierta por las sábanas y su pelo castaño. Se vuelve de golpe y su mirada gris hace que pierda cualquier rastro de vulgaridad. Esa mirada me perdió que hizo que olvidara mis sueños meses atrás…

A medianos de abril estaba instalado en una habitación del centro de la ciudad, con vistas a los Campos Elíseos y había adquirido un piano que ocupaba la mayoría del espacio habitable de esta. Al cabo de pocas noches de mi llegada, ya conocía los locales más populares y me empezaba a integrar en los círculos más selectos. Mi mayor aspiración era poder interpretar mi música en aquellos lugares que ante mis ojos aparecían llenos de magia, como paraísos escondidos en medio de esa ciudad sucia y maloliente. El contraste me cautivaba, pero lo que más me gustaba de la noche parisina era su gente. Cada individuo parecía tan profundo, pensadores natos, ensimismados y con una mirada perdida que encerraba toda su frustración y que reflejaba su cavilación continua. Sin embargo, el mundo exterior no pasaba inadvertido para estos artistas, decían no poder pensar el mundo sin haber tenido un intenso contacto con él, no poder crear arte que representara las esencias sin haberlas sentido, haberlas vivido ellos mismos. Nada tenían que ver estos vanguardistas con los marginados románticos a los que tanto había leído en la biblioteca de mi hogar británico.

 Una noche cualquiera, pero, el rumbo de mi vida cambió repentinamente. Parecía que empezaba a establecerme en la ciudad, esa semana había acudido a audiciones para diversos locales y esa misma tarde salía del Café de Flore hacía el Café de les Deux Magots para encontrarme con el único amigo íntimo que había hecho en París, Adrien, y con el resto de su grupo de amigos, por quienes yo sentía cierta simpatía debido a que acompañaban habitualmente a Adrien. Me la encontré en la Rue de l’Université, apoyada en un portal, cubriendo su rostro con un cloché negro y tarareando una canción de jazz que yo desconocía. Al pasar por delante suyo dejó caer su monedero. Fue un gesto intencionado, pero yo entonces no lo sabía.

 Al recogerlo y devolvérselo, me comentó que me había visto antes en alguna fiesta, a lo que yo respondí que era posible, pues frecuentaba muchos locales de la ciudad. La conversación fue breve, ni siquiera descubrí su nombre, pero ella ya sabía el mío. Esa noche la volví a ver, y se presentó formalmente como Eméraude. Dos semanas más tarde dormía en mi cama.

 Eméraude no era como las demás chicas, no deseaba ser bailarina, ni cantante. Nunca quiso confesar de qué trabajaba, aunque siempre parecía tener dinero para nuevos abrigos, vestidos y cigarros. Al mes y medio de conocerla, ya se había integrado en el círculo de Adrien mejor que yo, y se sobreentendió que estábamos juntos. Los detalles románticos son fáciles de imaginar, todas la historias de amor en París son hermosas, aunque solo sea a causa del escenario. Consiguió que me enamorara más de la ciudad, a medida que mi adoración hacia ella crecía. Me sentía feliz, joven, acompañado por la más bella de todas las mujeres de Francia y rodeado de personas capaces de crear de sus mentes obras igual de bellas que esa mujer.

 El día que Eméraude me contó a qué se dedicaba era diciembre, llovía y si la temperatura hubiera descendido unos pocos grados las gotas se habrían convertido en nieve. Dinero fácil, mucho dinero, me dijo, era un trabajo con mucha demanda y poca oferta en esa ciudad. Me propuso unirme a ella, argumentando que podríamos ser ricos, muy ricos. Yo no quería riquezas, yo quería tocar en los locales y vivir la vie bohème. Pero su poder persuasivo me sedujo.

 Levanta los ojos con desgana, ayer nos acostamos tarde y el sol aún es débil, pero entra por las ventanas de mi habitación. En agosto siempre entra desde muy temprano. ¿Soy feliz? No lo sé, solo sé que he sido mucho más feliz. Lo fui el año pasado en estas mismas fechas, lo fui en Inglaterra antes de llegar a esta oscura ciudad. Aborrezco la vista de los Campos Elíseos que meses atrás me fascinaba, y lo único que me mantiene en esta ciudad es Eméraude. ¿A qué nos dedicamos? Muy sencillo: contrabandismo. Desde que en Estados Unidos se prohibió la importación de cerveza, vino y aguardiente, algunos europeos vivimos de vender estas bebidas a tabernas clandestinas americanas. No es un negocio tan fácil como ella decía, y sin duda la causa de que no haya más gente que se dedique a ello es el peligro que implica.

 El hecho de que mi vida gire alrededor de la bebida ha hecho que pierda las ganas de ir a cafés y locales, la vida social que solía tener parece borrosa en medio de una niebla de sueño que acarreo conmigo continuamente. La generación perdida, con su cinismo después de la Primera Guerra Mundial, y los extravagantes surrealistas y expresionistas, a quienes antes solía admirar y con quienes me codeaba cuando anochecía, parecen lejanos e inalcanzables. Mi futuro como bohemio músico parisino se ha escapado, se ha fundido bajo el carmín de Eméraude. Ha borrado mis sueños, mis aspiraciones. Disimulando mi tristeza cierro los ojos, y cuando los vuelvo a abrir sus pupilas aún no se han despegado de las mías.

 Gala Banoic

 

 Categoria de Batxillerat, Català

 

Adrià Soler, Títol

Silvia Lladosa, Verda perla d’amor

Adrià Soler

Títol

 

Quiet, immòbil, mirant fixament la pantalla de l’ordinador. Així és com em trobava aquella nit. El punter marcava la casella de sortida. L’àrid terreny de la pàgina digital m’encegava, i alhora em bloquejava la ment. O era que m’havia quedat sense idees?

No haver dormit en dos dies tampoc ajudava, i l’escrit havia d’estar acabat a finals de setmana. Sabia que en algun moment de la meva carrera literària em passaria, com a tots. Però tan d’hora? Això si que no m’ho esperava.

Em sentia com un dels personatges de ficció més tòpics, “l’escriptor sense idees”, el clàssic personatge que acaba dins d’un món de fantasia, o en una “trama criminal conspiranòica”, o fins i tot de protagonista en una tragicomèdia intimista independent. Aquella idea m’irritava, i em feia venir ganes d’escapar d’aquest bloqueig ràpidament. Així que vaig poder, vaig escriure quatre paraules: “Al fons a la dreta”.

Com sempre, vaig pensar. En acabar-me el còctel m’hi vaig dirigir. Les llums fosforescents creaven un ambient psicodèlic al meu voltant, i desdibuixaven els cossos que es sacsejaven compulsivament. Aquell espectacle psicotròpic acabava a l’entrada del passadís. La seva quietud em succionava, m’arrancava d’aquella situació salvatge, i tot i que m’hi vaig endinsar (ho havia de fer), el meu sisè sentit m’alertava de que allò seria el final.

Al entrar al bany, la música va esvair-se, donant pas al tronar característic que la seguia en la foscor. Eren quatre homes, tots vestits d’acord amb la situació. Era impossible no endevinar una pistola sota cada gavardina, una mirada assassina sota les ulleres de cadascun d’ells, dels homes que allà esperaven acabar amb mi. Jo també em corresponia amb aquell perfil, però em trobava en desavantatge. El tronar exterior era l’únic element en moviment. Tot restava en silenci, la fi s’apropava a gran velocitat.

-Perdona, – va dir de sobte un d’ells. – però no és una mica típic tot això?

La frase d’aquell home em va matar, en sentit figurat. El que em va matar en realitat van ser les bales dels altres tres implicats. Vaig impactar contra el sòl, i amb veu aspre vaig xiuxiuejar en un sospir: Ens veiem a baix.

Un altre dels quatre paios va esclatar a riure. Sabia que tot allò era bastant patètic. Em semblava tan fals… vaig dir-me a mi mateix: “la pròxima serà millor”.

– Això si hi ha una pròxima! – Digué el capità.

El sol banyava tota la proa, juntament amb la part frontal de les veles. A babord hi contrastaven uns núvols negres de tempesta, sobre la meva estimada “Posidònia”, presagiant llamps i trons per sobre dels foscos edificis de caoba i marbre.

Encarats cap a l’horitzó, no preteníem sinó caçar el nostre enemic dels octubres, el terrible Leviatan roig. Aquella criatura immensa ens mantenia ocupats des de feia set dies, posant en perill la nostra resistència i la de la ciutat per la qual vetllàvem. A l’octubre de cada any reapareixia, i amb molts esforços aconseguíem capturar-lo i matar-lo, si no s’escapava a finals de mes. Acabàvem de perdre una oportunitat bastant bona de caçar-lo, i semblava que no tornaria a sortir a la superfície fins a l’any següent. Amb la seva carn podríem alimentar tota la ciutat durant més de set mesos…

– Tot això és ridícul – cridà el capità. La meva resposta: “I que proposes, eh? Creus que és fàcil?!”.

– Ja se que no ho és, però s’acaba el temps! – Deia la Gertrud. Les llàgrimes lliscaven per la seva blanca faç, regalimant al vestit de noces. Jo no sabia de que parlava.

– Ja no ens queda temps! No ens queda espai!

Tenia raó, ja no em quedava temps, ni espai, ni idees. Cada cop ho veia tot més desdibuixat. I si augmentava el ritme?

– Encara i així farà tard, senyor. – El guarda forestal tenia raó. Què més podia fer?

– Potser hauria de parar, majestat. – Em va dir a cau d’orella el meu fidel conseller Marcello.

 Potser sí, potser si que havia de parar; al cap i a la fi res d’allò m’havia convençut. Potser era millor resignar-me, acceptar el meu tòpic destí. A pocs paràgrafs del final, sense haver trobat un principi convincent, ni un desenvolupament convenient. Allà em trobava jo. Davant de la pantalla, l’escriptor sense idees contemplava un… un… realment no estic capacitat ni per acabar amb això?

– Afirmatiu, només es capaç d’idear situacions absurdes i inconnexes. – Digué el robot de manteniment TP-42.

Realment necessitava dormir una mica.

Silvia Lladosa

Verda perla d’amor

 

Els teus ulls són com un miratge,

Perles verdes que em miren i m’empaiten

La teva presència viatja

Allà on les ones trenquen

És impossible ignorar

El réflex que em retorna la mar

Oh! Si jo et pogués empaitar,

I de nou tornar-te a abraçar

Ara sé que vius en pau

En la immensitat de l’oceà.

La teva ànima neda en aquest palau

I avui, jo ho faré al teu costat.

Neda, neda en aquest paradís,

Que ja ningú et podrá ferir.

Neda, neda en aquest jardí,

Que la por ja s’ha esvaït

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