El Quijote en Barcelona

Dàlia Sánchez – 1r Bachillerato C

 A pesar de ser una novela célebre y conocida en el mundo entero, El ingenioso Don Quijote de la Mancha no suele gozar de mucha fama entre los más jóvenes. Puede ser que, por una parte, esto se deba al castellano arcaico con el que está escrito y que, según como, puede dificultar su comprensión y ralentizar la lectura. No obstante, también puede ser que la popularidad que se ha labrado como novela de culto imponga cierto respeto a las generaciones venideras, que sin haber apenas abierto el libro lo rechacen por su supuesta complejidad en contenido. Teniendo esto en cuenta, pueden suponerse las ideas preconcebidas que me aparecieron al conocer que debíamos leer un fragmento, aunque pequeño, de esta famosa y a la vez desconocida obra de Miguel de Cervantes.

El quijote en Barcelona

Para empezar, en una primera toma de contacto, debemos admitir que el lenguaje empleado, de acuerdo con la época, es algo enrevesado. No obstante y para mi sorpresa, a medida que avanza la obra la dificultad va desapareciendo, puesto que uno se acostumbra a su vocabulario y a su sintaxis que, entre otros, coloca los pronombres tras los verbos (“muérome”).  A demás, en cuanto al argumento de los capítulos leídos, este no da pie a ninguna confusión y puede seguirse la trama sin ningún tipo de problema. Es por esto que, comparándolo, por ejemplo, con La Celestina, esta obra es mucho más agradecida y no resulta una ardua lectura.

Así pues, confieso que estoy extrañamente admirada por esta novela. En primer lugar, como he expuesto anteriormente, su dificultad no corresponde con la esperada. Pero es que, por otro lado, su lectura es entretenida y capaz de captar tu atención, y es en especial el carácter locuaz de Don Quijote lo que lo consigue. Además, algo que me ha gustado especialmente es que los capítulos a leer sean concretamente los de su paso por Barcelona, puesto que pueden verse los cambios que ha sufrido la ciudad desde que Miguel de Cervantes se encargó de describirla.

Por lo tanto, encuentro que la salida a Barcelona es una manera de enlazar las escenas del libro con la vida real tal y como en su momento el autor lo hizo. A decir verdad, encuentro que la lectura se complementa con la excursión que realizamos, ya que nos ha ayudado a recrear y a ligar diferentes pasajes de la obra con su localización exacta en la ciudad, algo que nos ha servido para tener una imagen más sólida de lo leído.

Sin embargo, siempre tiene que haber un pero: desde mi punto de vista, la salida hubiera sido más enriquecedora si en cada punto marcado hubiéramos ampliado un poco más nuestro conocimiento, es decir, no limitarnos solamente a fotografiarnos en el sitio y, por ejemplo, en la casa de Cervantes, se nos hubiera informado sobre su estancia en Barcelona. Por lo demás, no tengo ninguna queja de esta salida, y encuentro muy oportuno que se realice el día de Sant Jordi.